De Trump a Milei, una asociación para delinquir
La CIA y la SIDE organizaron la fuga de Flavio Bolsonaro.

En 2022, Jair Bolsonaro salió para Estados Unidos luego de haber sufrido una derrota en el segundo turno de las elecciones brasileñas, por parte de Lula da Silva. La elección había sido precedida por manifiestas acciones golpistas, como la concentración de multitudes ultraderechistas frente a los cuarteles y el impedimento, por parte de la Policía Rodoviaria (Carreteras), a la asistencia de los poblados pobres a las urnas. La partida de Bolsonaro padre a Norteamérica fue interpretada correctamente, hace cuatro años, como una tentativa de evitar el arresto del susodicho en caso de que el golpe, para desconocer la elección de Lula, no fuera exitoso. Al final, el golpe tuvo lugar ocho días después de la asunción del gobierno por parte de la flamante coalición Brasil Popular, cuando Lula ya había designado a su gabinete, incluido un ministro de Defensa civil, acatado por los altos mandos militares. El alejamiento del país no le sirvió de nada a Bolsonaro padre, que acabó siendo condenado a 27 años de prisión por intento de derrocar “el estado democrático de derecho”. Diez meses más tarde del fracasado golpe, un partidario fanático del bolsonarismo, Javier Milei, ganaba el balotaje en la vecina Argentina. El carácter reaccionario de las elecciones de Argentina de ese año quedó de manifiesto.
En 2026, todo estaba armado para un retorno del bolsonarismo al gobierno sin necesidad de acciones extra parlamentarias, cuando las encuestas y luego los votos dieron ganador al hijo del prófugo de 2022 en la primera vuelta electoral. De haberse repetido este resultado en la segunda vuelta, Flavio Bolsonaro tenía previsto arrancar del Congreso una amnistía para los golpistas civiles y militares de principios de 2023, proceder enseguida a indultar a su padre y encarar, finalmente, la destitución de los jueces adversos que ocupan el Superior Tribunal Federal. Amparado en sus nuevos fueros, quedaba al margen de un procedimiento judicial por los desfalcos económicos probados en los expedientes en su contra. En lugar de un golpe para apropiarse del gobierno, como había intentado su padre, Flavio lo haría desde el gobierno y el control del Senado, luego de una victoria electoral. La operación fracasó: antes de perder, finalmente, en el balotaje, ante Lula da Silva, el conjunto de la ultraderecha brasileña se distanció del Bolsonaro junior y contribuyó en una cierta medida a su derrota. 48 horas después de las elecciones, Flavio Bolsonaro urdió su fuga de Brasil, ante la certeza de que la Policía Federal estaba pronta para su arresto. En Miami lo esperaba su abogado y socio financiero Willer Tomaz, que operaba el sistema de apuestas on-line para lavar dinero, que se calcula en ¡mil millones de dólares! La Bolsa de São Paulo estrelló sus cotizaciones, con la noticia de la derrota de Bolsonaro, cuando tuvo que salir a mal vender sus tenencias para cubrir las deudas que contrajo para apostar, sin dinero en efectivo, a una suba accionaria. No quiso o no supo despegarse a tiempo del intento de golpe pos electoral. La fuga de Flavio Bolsonaro deja a Brasil con una oposición desarticulada, sin un programa común, y al gobierno del Frente Brasil Popular en el centro de la escena y de las explosiones. A sus propias contradicciones insalvables deberá sumar las del conjunto del régimen político.
La fuga de Flavio Bolsonaro tiene en común con el secuestro de Maduro, en este caso por medio de un asalto militar y más de cien asesinados, el violentamiento del derecho internacional por parte de una asociación clandestina entre los gobiernos de Estados Unidos y Argentina – Trump-Rubio y Milei-Santiago Caputo - la CIA-SIDE y la embajada norteamericana en Buenos Aires. Se ha formado una Interpol invertida – que protege a los delincuentes en lugar de detenerlos. Javier Milei ha incursionado en el encubrimiento de un delito, para lo que está previsto tres años de prisión como mínimo. Fue el plan B impuesto por Trump a la alternativa, promovida por Rubio, de desconocer los resultados brasileños del domingo pasado. La obsesión de Rubio por convertir a Cuba en un protectorado por medio de la acción militar le ha hecho decir que Lula es un comunista, cuando el ex metalúrgico es una muralla ‘nacional y popular’ contra un gobierno de trabajadores y un defensor acérrimo del orden capitalista mundial. El PT no es un partido obrero ni para defender el derecho laboral; Bolsonaro padre lo hizo trizas antes de Milei. La participación del gobierno argentino en la conspiración por sacar a Bolsonaro de Brasil ha sido fundamental, porque no hubiera sido posible desde otro de los países limítrofes. Aunque por ahora la Folha de São Paulo lo ha tomado como una versión, no descarta una colaboración de la PF de Brasil en la fuga, como un escenario más conveniente para el gobierno de Lula que un largo proceso judicial y el dictado de nuevas condenas sobre los mismos apellidos. Es cierto que las oficinas de inmigración de Brasil no se encuentran rodeadas de vallas que impidan su cruce, pero habiendo una orden especial contra una fuga siempre se toman las medidas que corresponden.
La complicidad del gobierno argentino con la salida clandestina de Bolsonaro prueba la existencia de un aparato para estatal que opera al margen de las leyes y la Constitución, y que es el sujeto necesario para cualquier golpe de estado; los actos oficiales deben ser públicos, no clandestinos. A los hermanos Milei y a los Caputo (tío y padre) le caerán una tanda de juicios cuando dejen el gobierno – las líneas del fraude en Discapacidad son internacionales; además está la estafa $Libra. El oficialismo describe a las elecciones de 2027 como una vía al caos – un argumento suficiente para justificar un autogolpe; en Defensa no hay un civil sino un militar, y no en retiro efectivo sino en actividad, con capacidad para dar órdenes de movilización de tropas. Flavio Bolsonaro se ha proclamado el jefe de la oposición en Brasil, desde Estados Unidos, pero la prensa brasileña opina que ha simplemente ha desperdiciado en una noche 60 millones de votos y cualquier futuro político. La crisis política desatada en Brasil se ha trasladado a Argentina.
La Justicia Federal no tiene la intención de tomar cartas en el asunto e iniciar una acusación de encubrimiento de delincuente, conspiración con potencias extranjeras contra terceros países y violación de la Constitución – por lo menos. Una denuncia en Puerto Iguazú ha sido desechada por fiscales de Misiones. El Congreso hará todo lo posible por evitar convertirse en caja de resonancia y romper con el gobierno – siguen prevaleciendo los tiras y aflojes de aportes presupuestarios. Desde Política Obrera aprovecharemos la delincuencia política que desarrolla el gobierno y la complicidad de los defensores del estado de derecho, para promover la consciencia de clase a favor de un gobierno de trabajadores que imponga un programa revolucionario.



